KRÍPTICAS: LABERINTO DE MICRORRESEÑAS

 

En AFORIST@S nos gusta estar informados, pero no vivir esclavos de las novedades editoriales. Por eso hemos ideado este pequeño rincón lacónico en el cual hacernos breve eco de los libros de aforismos (impresos) que nos vayan llegando...



Con Planes de fuga (Ediciones del Pampalino), el escritor Bruno Mesa vuelve al género más breve tras Argumentos en busca de autor (La Caja Literaria, 2009), un plazo más que prudencial que le ha concedido tiempo suficiente para decantar un volumen que raya a gran altura, autoexigente y depurado, en el cual se percibe una mirada típicamente aforística, sin concesiones a la levedad tóxica y sí con muchos análisis ácidos y hasta cáusticos: "El optimismo necesita teólogos. El pesimismo forenses", "Ningún uniforme te salvará de tus contradicciones", "Ha perdido un día y cree que solo ha perdido un día"... y el que justifica el título, y quizás el género: "En la cárcel de las convicciones los aforismos son planes de fuga".



Itzíar Mínguez, poeta de largo recorrido y aliento, sale airosa de este su primer envite aforístico, merecedor para mayor alegría de todo un premio Bergamín. Encontramos en el libro el talante que se espera de un autor maduro y ducho en el género: agudeza, ironía, perspicacia, sutileza, bonhomía y ambición. Alguna muestra de lo dicho: "El tiempo cambia de manos", "Mañana seré otro día", "Quien tropieza con la misma piedra parece que no termina nunca de caerse", "Los sueños que sobreviven son traspiés de la realidad que el azar extravía y la vigilia no ignora", "Las frases hechas se deshacen viviendo", "A veces hay que perder el orgullo para recuperar la dignidad"... Un espléndido debut que esperamos que no sea más que el prólogo de una larga trayectoria en la brevedad.




Javier Sánchez Menéndez es uno de los aforistas más tenaces y perseverantes del panorama literario español. Su estilo suele ser lapidario, con afirmaciones severas, lo cual puede que no sea del gusto de todos aquellos que prefieren la delicada ironía y la velada alusión. En esta ocasión, sin embargo, el autor parece haber abandonado un poco su perfil más adusto para permitirse licencias poéticas que, la verdad sea dicha, se agradecen: "Nuestro cuerpo está compuesto de partículas, nuestra mente de asteroides", sin abandonar propuestas de calado conceptual.: "Soñar es el merecido intento de alcanzar nuestra propia voluntad", así como otras de alcance moral, muy atinadas: "Pequeñez, insignificancia, humildad. ¡Qué grandeza!".

 



Ramón Eder prosigue con su ya habitual novedad anual, en esta ocasión proponiéndonos un concepto, el de "serendipia", que no acaba de quedar muy claro pero que evoca una pluralidad de sentidos atractivos. Si, como afirma el autor, "Un libro de aforismos solo es aceptable si es muy bueno" (pág. 125), debemos admitir que no nos encontramos ante uno de ellos, pero sí ante una recopilación de aforismos que oscilan entre lo notable y lo excelente, muy ederianos: "El que al leer no retrocede, no avanza", "Los hay que por no exagerar se quedan siempre cortos", "Leer es una sagrada pérdida de tiempo", "Viajar ya no es lo que era sino todo lo contrario", "A los aforismos muy largos siempre les falta algo"...


 


Rosendo Cid es uno de los aforistas más imprevisibles pues logra plantear cada uno de sus libros como un proyecto nuevo, coherente y original, que nada debe a los anteriores: bien puede escribir 5.000 aforismos sobre la pintura como extraerlos del tachado meticuloso de los periódicos del día. En esta ocasión, se enfrasca en extraerle todo el jugo conceptual a una de las experiencias más temidas para el hombre contemporáneo: la del aburrimiento. El libro no se anda por las ramas y aborda el tema de un modo exhaustivo, hilando aforismo tras aforismo sin llegar a cansar, gracias al talento del autor: "El aburrimiento es un experimento de Dios que quedó sin resolver", "El aburrimiento sobrevive incluso a los que se mueren de aburrimiento", "El aburrimiento es nuestro agujero negro cotidiano"...

 




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